DE VUELTA A CASA Y DE CASA.

Hoy paso por aquí para compartirles sobre mi viaje a Ecuador, lo que sentí y lo que viví durante las tres semanas que estuve ahí.

Para empezar la travesía, tuvimos (Jacques, mi novio y yo) que pasar por un PCR previo y una bastante cómoda escala en Ámsterdam. En el vuelo a Quito mi cuerpo empezó a manifestar todo lo reprimido en las últimas semanas, o eso pienso yo. Empecé a tener comezón en todo el cuerpo y la verdad fue bastante incómodo y fastidioso.


Una vez en Quito, distraída por maletas y migración llevaba bien la situación, mi ánimo y energía no decaían, estaba, por el contrario, emocionada de ver a mis seres queridos.

Llegar a casa, ver a mi madre, hermano, padre, para iniciar fue un alivio, sentirme en casa, literal. La felicidad, junto al cansancio y jet lag se apoderaron de mí. Por su puesto, luego de una deliciosa cena hecha por mi mami, nos fuimos a descansar.


Los primeros días fueron de adaptación, de ver a mi círculo más cercano porque por el querido COVID-19 debíamos tener cuidado y no exponer ni exponernos.


No crean que mi alergia había pasado, no, terminé en emergencias con medicina a la vena para parar rápidamente una intoxicación/reacción alérgica que me estaba dejando si poder tragar. Superado con éxito, buena actitud y mi familia junto a mi.


Llegó en día de ir a la imprenta y ver a mí querido libro, o por lo menos sus partes, y poder conocer a esas personas que a la distancia le daban forma a DESDE LA RAÍZ. Ver la portada, las planchas de papel secándose y las máquinas funcionando me dieron una sensación de felicidad enorme, y más de compartirlo junto a mi madre. No puedo negar que mis ojos se llenaron de lágrimas.




El plan al inicio era hace un tour por varias ciudades del país, sobre todo en la costa para presentar el libro y visitar a nuestros familiares, pero siendo cívicos sabíamos que no era el momento, había algo más grande que debíamos cuidad, la salud de todos. Fue por esa razón que decidimos quedarnos en Quito y desde ahí unir fuerzas y usar la tecnología a nuestro favor.


En el proceso de organizar el lanzamiento del libro participó mi querida Silvia, la food stylist que le dio forma las fotos del libro. El día que la conocí en persona hicimos click, como si nos conociéramos hace años, al final es así, fueron meses intensos de trabajo y de compartir sentimientos que ella plasmó en DESDE LA RAÍZ.




Hasta ahora no les he contado nada sobre mi abuelita, fue un proceso duro el siquiera entrar en la habitación donde dormía, ir a la misa del mes fue durísimo, ir a verla en el árbol donde está aun más. Me tomó algunos días hacerme a la idea que no estaba, pero no estaba físicamente, porque me acompañó todo el viaje, todo el tiempo estuvo junto a mi y se hacía sentir, me daba señales que me dejaban saber que hacía lo correcto.


Finalmente, cuando nos entregaron las copias de los libros, iniciaron las entrevistas, cámaras en la casa, fotógrafos, llamadas, reuniones de Zoom para radio, prensa y televisión. No puedo negar que al inicio me entraban nervios, pero luego me daba cuenta que solo debía contar la verdad y mis sentimientos. Fueron conversaciones hermosas, por las que estoy encantada y agradecida.




Otros días los pasábamos entregando libros y así aprovechábamos para saludar a amigos y familia, aunque sea distantes, sacando los ojos a través de la mascarilla para mostrar la felicidad de verlos, confieso que lo más duro es no abrazar a los que más amas.


Los días pasaron ocupados, además por trámites que debía hacer, pero no desperdicié la oportunidad de compartir con amigos del alma, con familia y sobre todo conmigo en mi tierra, de donde vengo, mis raíces, mi comida, mis sabores, mis montañas y mi cielo a veces azul, a veces nublado pero siempre tan cerca. Obviamente no vi a todas las personas que hubiera querido, pero la vida es perfecta y seguro nos tiene preparados más momentos juntos.


El día 2 de Diciembre, el día en que mi abuelita hubiera cumplido 100 años, fue un día extraño, un día soleado, lluvioso, pero al final el arcoíris llegó, mientras la visitábamos y compartíamos junto a su árbol y yo tenía el libro junto a mí. No voy a negar que lloré, pero también me fui en paz.





Fueron días ajetreados, al final, pudimos, Jacques y yo escaparnos a un lugar hermoso, llamado Mindo a dos horas de Quito, es un valle encantador, lleno de naturaleza, fauna flora y ríos. Nos recargamos de energía para el regreso.




El regreso se acercaba y bajamos las revoluciones, solo queríamos estar en casa, comiendo rico, descansando y compartiendo con mi madre y mi padre antes del inevitable regreso. Pensé que sería más duro, pero la verdad volví feliz y agradecida por todo lo que la vida me da, por ser tan poderosa y poder generar y materializar mis sueños, por ser escuchada y porque a través de este libro hago historia, historia en mi familia y en mi país. Me di cuenta de que no existen muchos libros de recetas que cuentas historias, y menos inspiradas en Manabí.